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satine.. June 24 AguaEran las tres de la mañana.
La noche invadía nuestro paralelo con su negrura, pero mi ánimo y expectación se resguardaba en la deslumbrante luz que alumbraba el Este, inocente y ágil, reflejada en una caricia sobre la superficie de un agua repleta de concentración y esperanza, sumergiéndose amablemente hacia un fondo de tres metros, el mismo que tantas veces habían contemplado con sus ojos y espaldas, que habían surcado a velocidades inimaginables con sus cuerpos de acero, cubiertos del más fino de los materiales, elegidos, evolucionados, sin huesos, sin pulmones ni oxígeno del que depender.
En aquel momento en el que la noche y el día ocurrían al mismo tiempo, en el que mis átomos se habían dividido volando hacia el momento en el que un sueño podría cumplirse, mi corazón se estremecía tanto como los suyos, elevados y en tensión, sintiendo las miradas de todos los que permanecían de pie en sus asientos, las manos sostenidas con fuerza y lágrimas en los ojos, pensando que aquel era el instante que resumía años, mañanas y horas de sufrimiento, de sacrificios voraces, de voluntades más fuertes que nada, de secretos inconfesables, de sueños a punto de hacerse realidad, y que, en parte, ya se habían cumplido.
Un trozo de historia que se elevaría para siempre en 42 segundos, escrito con un movimiento demasiado hermoso, antinatural en belleza y naturaleza, puesto que el hombre nació principalmente para caminar.
Pero todos aquellos hombres, con las manos en sus caderas, la vista observando al frente, aquella T que habían contemplado billones de veces, que les había hecho reir y maldecir con cada fibra de sus imponentes músculos, se habían sobrepuesto a la determinación que les gobernaba, que nos gobierna a todos desde que nacemos.
No escuchaban más que el batido de su corazón, la punzante sensación aguda en sus piernas, la maravillosa tensión que desterraba cualquier duda posible con armas de experiencia y fé. Y una seguridad que desde la otra parte del mundo yo envidiaba.
Las estrellas, el rojo y el azul relucían en mis asombrados ojos, y me iba acercando hacia ellas más y más, hasta que el amor fue inevitable, hasta que me enamoré de todos y cada uno de sus gestos, hasta que dije: "yo quiero ser como ellos".
El hambre de hazañas y bondad y acción se aferró a mí mientras tomaban sus marcas, mientras flexionaban sus cabezas hacia sus brazos y el silencio se apoderaba del mundo y de la hambrienta mirada de todo el que observaba aquel segundo.
Y cuando éste se dejó escuchar, cuando saltaron surcando el fondo del agua con una destreza que los mismos peces envidiarían, lo supe.
Recordaba sus movimientos esta mañana, paso a paso con mis brazos trataba de alejar la melancolía y el soberano entusiasmo que se apoderaba de mi cuerpo como un huésped bienvenido, como un amor a quien por primera vez no he abandonado, una obra maestra, un canon innegable, una sombra que me guía con la luz exótica que descubrí en el Este. Y gané, como gané en aquel momento con su victoria, la de quien trinfa sobre sus sueños y el mundo, de quien se sobrepone al cansancio, a la autonegación, a la desconfianza. Ésta que yo pierdo desde que entro en el agua, que olvido y me hace olvidar el temor a no alcanzar nada que uno se haya propuesto.
La que me dice, como le dijo a él ocho veces, que nada es imposible.
June 18 El comienzoDe vuelta al principio.
Una nueva cara, un nuevo rastro reluciente entre los árboles. Y grandes esperanzas.
El sol se descubre y oculta de nuevo. Y aparece entre las estrellas una figura revelada, en la ausencia de tiempo, una salida, la huida que alumbra el comienzo de una nueva vida.
Unas palabras sonrientes se suspenden a su espalda, sostenida con tus fulminantes ojos, los que se preguntan cómo ha podido volver a suceder de nuevo; cómo han bajado la guardia, cómo se han deshecho del negro escudo de sus pupilas, de la húmeda barrera sostenida.
Y ahora observan sin remedio su fatal futuro, su camino hacia una perdición segura. Se deshacen de la memoria de la prevención, apartan con unas pestañas de hierro su armadura, creyéndose temerariamente fuertes, se apean del caballo en un campo de minas. Se distancian de sus sueños, se descubren en el hielo, comen sus migas de pan; y se regocijan en la tenebrosa ensoñación del peligro, de la emoción vibrante que hace tambalearse los cimientos del mundo, la estabilidad de la gravedad o la fuerza del tiempo.
De repente ya nada importa más ni menos, una rodilla se quiebra, otro hueso se rompe. El cansancio lo inunda todo y establece su ley sobre el movimiento autónomo. Pero uno sigue; como una vez él mismo dijo, para demostrarlo todo, para presumir, para elevar la voz hacia el lugar desde donde hablan los héroes, que viven con el coraje que él adimra, que admirará en tí cuando lo contemple.
Cuando sus ojos encuentren en los tuyos el poder de quien no teme ya a nada, de quien se ha olvidad de sí mismo y los demás, de quien ha pospuesto sus sueños por valor y esperanza, por obcecamiento, por un trauma que le divide en dos mitades, desbocadas en su control, anárquicas y sin gobierno. Sin suelo ni cielo ni fé en el conocimiento. Sin nada más que esperanza en un nuvo comienzo que sabe, a ciencia cierta, desastroso.
Pero dejado atrás el pasado, aún confiando. Aún sonriendo sin ninguna otra expresión que le haga más humano, que le haga más inocente y peligroso, capaz de darlo o de arrebatarlo todo, vidas y almas, y de abandonar la suya propia por alguna otra mirada y quizás alguna una palabra.
Y es complicado, como siempre, irreductible e inevitable, incluso con el poder de la razón que lo derribaría en segundos, la fuerza de los años vividos que lo reducirían a cenizas con el agua tranquila de su experiencia; incluso cuando todo es, desde sus inicios, ficticio.
Incluso cuando la negación parece la via más sencilla.
Pero de alguna manera, en su cruel bondad permanece; y lo hará hasta un fin que comenzará de la misma manera.
De la misma forma que ahora comienza.
June 12 PerspectivaDame un poco de perspectiva.
Diluido en mi copa, te confundes con mis pasos, elevas mi razón hacia unas nubes de lluvia en las que todo se ve gris pero claro, delineado desde las alturas, desde la desesperanza, desde la sinrazón.
Daba un paso tras otro, todavía mareada, todavía esperando, observando distante y divertida, con el dolor en cada mirada, distinguiendo las figuras borrosas y más alejadas que nunca. Porque todo desde fuera parece fácil, parece hermoso.
Pero después vuelvo a entrar en mí, en mis insumergibles pensamientos, que gritaban con la presunción de su verdad, con la fé perdida y arrebatada, en la soledad más profunda.
Decían que no había motivos, que no había salida. Argumentaban sobre la primera partícula que respiró en la Tierra, que surgió de las profundidades del mar, que se fosilizó en una roca, que dibujó el esquema de lo que somos ahora. Aquel extraño, inocente y noble ser que nos ha conformado, y de cuyos pensamientos inanimados descendemos, de los que por naturaleza somos conscientes. Formaban corrientes de aire que alborotaban mi pelo y alejaban cualquier presencia superior que pudiera guiarme o hablarme, negar las evidencias con sus milagros, acompañarme en su divina ausencia y decir que no había nada que temer.
Y por eso, lo hubo, y no tuve otra opción que rendirme, que temerlo todo. Que rendirme ante el hecho de que podría quedarme quieta y desaparecer; ausentarme como aquella vez, alejarme hacia la atmósfera y ser libre por fin, sin las ataduras ficticias que mi razón anhelaba, sin la pretensión de eternidad que tantas palabras, historias y sueños habían confeccionado a lo largo de los siglos en mi corazón, sin imperativos categóricos, sin la estabilidad que la ausencia de tiempo produce el razonamiento lógico.
Y parecían aun así alejados del bien en sus tentaciones; descubrieron la debilidad que me conmueve, el sinsentido que gobierna el más profundo de los temores del hombre, y el mayor de los míos. El hecho de que pierda mis fuerzas para luchar, de que el mal oculte al bien con su tajante negación, pretendiendo que no existe ni nunca existirá.
Y sin embargo, cuando llegué donde estaba establecido que llegaría, cuando encontré allí un motivo por el cual elevar mis pies y mi pensamiento y mi deseo y armonía por mantener el ritmo, cuando escuché la música de la revelación de los segundos, cuando comprendí que realmente aquel pequeño ser que aprendió a respirar en el agua así lo habría querido, así lo habría merecido, caminé, respiré y viví más intensamente que nunca; defendí con unas fuerzas renovadas aquello que siempre sería bueno, aun a pesar del líquido diluido en mi copa, la torpeza del mal oculto en cada baile, del boicot de la alienación, de la ausencia comprensiva, y de la corrupción que el tiempo nos muestra a diario.
Comprendí la perspectiva que nos ha regalado nuestra razón, la objetividad subjetiva que desafía la lógica natural y la física que nos ha conformado.
La libertad que nos ha dado la necesidad, y que será buena siempre, que ha existido y existirá; sin un final que la delimite en lo más mínimo.
June 06 1998Las nubes se extendían a lo largo de la aridez del tembloroso desierto de Nevada, oscureciendo la cobriza arena que sujetaba mis pies por segunda vez.
Una suave brisa envolvía los remolinos de polvo que interpretaban su ritual danza en una tarde que ya comenzaba a retirarse parsimoniosamente, entre nítidos colores, desconocidos para el ojo humano, éste que se posaba ahora sobre la tranquila carretera, los arbustos que bostezaban plácidos, estirándose quédamente al mismo tiempo que la noche se expandía por el misterioso cielo, lleno de estrellas, naves espaciales y recuerdos.
Parpadeé y asentí con la cabeza, y unas cuantas lágrimas se asomaron desde mis ojos.
Allí había empezado todo, con una lluvia apacible que doraba los campos, con los paraguas que se movían lentamente entre pruebas y pistas, unos ojos que siempre consideré castaños, cuando en todo momento habían sido cristalinos y verdes, vestidos con un traje y un pase capaz de atravesar puertas y universos, y de viajar en el tiempo como ahora lo hacía yo. Como regresaba a aquellas tardes de verano; los mismos planetas asomándose para contemplarnos jugar, nadar y reir, y después subir a casa para vislumbrar en el presente un futuro que tendríamos que enfrentar, una verdad que queríamos creer, una creencia que sería la clave.
La alargada e intrigante aspa, número desconcido de la ecuación que ahora nos planteamos, el 42 que da respuesta al universo, y que estaba delante de todos, detrás de su puerta, protegida con un arma y una pecera, y una personalidad cuya sombra se encuentra ahora a mis pies, en este desierto sobrecogedor en años y esperanzas.
Y que no cambia.
Que posee las mismas canciones con las que viajo en mi coche a lo largo de una carretera de búsqueda, de preguntas retóricas y dialécticas, vigentes en cada uno de los días que transcurren, en acompañamiento de unos quilómetros crecientes en edad y número; de las conversaciones que se hablan tal y como las recuerdo.
Los edificios permanecen grises, las ventanas reflejando los mismos árboles, y el coche que se acerca con los dos mismos y opuestos ocupantes.
Los que observé con una atención absorbente, los que dibujé, los que escribí, los que me enseñaron a ser como soy, a sentir como siento, a plantearme lo que pienso y a seguir una corazonada que hoy resuena más fuerte y clara que nunca; que me dice que todo ésto está conectado y que es posible que ya haya visto la respuesta a todas mis preguntas aunque no haya sido aún capaz de interpretarla.
Que me ha revelado que estoy en el buen camino, incluso cuando éste toma sus renovadores e insondables desvíos hacia el pasado.
May 28 DesconocidoDe nuevo el semáforo me detuvo, en un cruce desierto, reflejando su luz ardiente sobre los charcos que inundaban las aceras.
El parabrisas se mecía con la música que el viento entonaba al mismo tiempo; y mientras el mundo se movía de izquierda a derecha, olvidé a dónde tenía que ir.
Giré las llaves y detuve el motor de mi vida, dejando ver en mis ojos retrovisores que una suave corriente se ha apoderado de mi voluntad, guiándome hacia unas rocas salvadoras en mitad de un océnao insondable, cuando creía que mi karma se había erosionado por fin, cuando consideraba que los elementos nos habían separado en nuestras determinaciones.
Y resulta que tú, desconocido, ya no lo eres. A pesar de que las pocas palabras que se hayan podido escribir no revelen más que inocentes hechos, comas en una frase inconclusa.
La carretera sigue, el tiempo avanza. Pero los segundos se esparcen ahora como el mercurio ante la fiebre que produce el recuerdo de tus misteriosos ojos, casi tanto como tu intermitente presencia. Y la linealidad se pierde.
Podría quedarme aquí toda la noche, observando las luces alternar en su color y su propósito, esperar a que la lluvia envuelva mi coche y pueda navegar entre relucientes peces y titánicas olas. No supondrían ningún obstáculo comparadas con tu personalidad ondeante, capaz de arrastrar al más capaz, de sumergir la indiferencia y enterrarla, como yace ahora la mía bajo la tierra abisal, cerca de antiguos tesoros y naufragios olvidados, y custodiada por criaturas irreales, fieles cumplidoras de tus órdenes.
Sólo me queda ahora este eco vibrante de la voz hechizada con que me hablaste, el flamante rastro de tu mirada que esparciste sobre mí con la mayor sutileza, el lejano adios con el que me despediste, la más ingente ausencia que has dejado desde entonces, y que sólo se cura cuando los astros se alinean, cuando decides apartar amablemenete las nubes y te dejas volver a ver.
Entonces, cuando mis ojos brillan, cuando el mundo vuelve a mecerse bajo el ritmo metálico del paréntesis en el que me ha sumergido la radio, cuando el parabrisas vuelve a emitir su borroso sonido y el semáforo sonríe con una luz esperanzadora, puedo parpadear de nuevo, girar las llaves y apoyarme sobre el pedal; y continuar el camino en el trance de la energía y estabilidad que tu inesperada existencia produce en el mundo, crear y recordar mi razón para avanzar, alejandome de lo que ellos hacen para poder alcanzar lo que mi razón me pida, guiada por el conocimiento certero de un misterioso desconocido.
May 23 Ha escritoRecorrí nuevamente la frase que bailaba ante mis ojos, me aparté hacia otro lado, volví a mirar mientras una sonrisa traviesa se escapaba de mis labios, y finalmente me levanté a por otro café.
Abandoné mis libros.
Apoyé mi espalda sobre la encimera mientras mis pensamientos hervían como el agua que vertí en mi taza, distraida una vez tras sus palabras, de vuelta a aquella ensoñación que la parte cautelosa de mí intenta apartar desde que volví a encontrarle por casualidad -de la misma manera que le conocí -. Meditando dialécticamente tal y como estaba haciendo con mis estudios, hasta que su nombre captó toda mi atención e intelecto, y la única contemplación posible sólo conoció ya su camino. Riendo sin llamar la atención, hablando palabras vanas a quien me pregunta qué tal lo llevo todo.
Y no sé qué responder.
Buscaba un incentivo y aquí lo tengo, irreal e idealizado como siempre, pero lo suficientemente fuerte como para guiar mis pasos por el suelo, mis brazos por el agua, mis ojos hacia la abstracción obnubilada, el embotamiento absolutista que gobierna la voluntad de vivir, la ilusión perdida y recuperada de quien creía tener demasiado miedo a ilusionarse, y demasiado orgullo.
He vuelto a perder los medios de vista y a regalar sin más, a ir más rápido y a dibujar, a no considerar los límites o el esfuerzo como moneda de cambio; a seguir una intuición y perder el tiempo. Distraerme recordando la primera vez que estuvo frente a mí, apartando toda la oscuridad y todo el humo que nos rodeara, creando un huracán con sus pestañas y calmándolo luego con la amabilidad tranquila residiente en sus ojos.
Y el negro pasó por primera vez a ser blanco de nuevo.
Termino con el último paquete de café, lo decoro con una nube de leche y regreso aquí por décima vez en la lluviosa tarde. Mis libros, los lápices, los miles de subrayadores y esquemas esperando espectantes a que vuelva a prestarles atención.
He leído miles de páginas hoy acerca del mundo, las estrellas y las almas. Pero hoy nada me ha asombrado tanto como la frase desafiante y esperanzadora que sigue delante de mí. April 12 OctubreCerre la puerta y me alejé caminando a través de la suave hierba, lo suficientemente amable como para sujetar mis temblorosos pies mientras todo lo demás se iba alejando poco a poco. Y allí, recostada ante el más elevado de los acantilados decidí elevar aún más la mirada.
Momentos antes, conduciendo a través de una inhóspita carretera, los árboles que iban desapareciendo acompasádamente ya habian escuchado cada uno de mis pensamientos sumergidos en la múscia de una radio averiada, y volviendo a conocer con la sabiduría de una resina antigua que el ser humano no cambia, incluso a pesar de los años.
El fuego ya devoraba el poco mar que quedaba en un húmedo reposo, y en el cielo las fugaces estrellas se desplomaban ante el callado atardecer, relevando al sol apagado. Aquello no dejaba de tener sentido, después de todo.
Ocultando las lágrimas con mis manos, giré la cabeza a izquierda y derecha para cercionarme de que continuaba sin haber nadie a mi lado. Que todo aquello y todos ellos ya pertencían a una época antigua, para la que en cada uno de los días pasados me había preparado sin éxito para afrontar. Que aquello que deseaba evitar se había hecho presente en el presente, cada una de mis acciones dirigidas y orientadas en una dirección opuesta, contraria a mis deseos y a mí.
Todo el oro se deshacía entre el fuego, devastado como las preguntas evitadas y devastador como las respuestas omitidas, nunca encontradas.
Y precisamente cuando debía estar preparada para conocer lo que una vez me hizo ser feliz, lo que podnría en juego mi existencia y podría resolverse tras la esperanzadora agilidad del agua, huí conduciendo hacia una perspectiva desoladora, capaz de arrebatar el valor de la fé más intensa.
Siempre y de algún modo creí que no lo conseguiría y que les apartaría sin conseguir demostrarles finalemente que, a pesar de todo, y por mucho que me haya resistido les necesitaba y les quería, que no podría abandonar el estado en el que estoy ni hacer realidad mis sueños.
Mostrar ante el mundo la historia perfecta de quien lucha y vence, de quien se resiste al mal o al miedo y es libre absolutamente, autorealizándose en una perfecta esencia; en aquella que cada uno estaba destinado a actualizar.
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